Se llevo mi familia, mi autocontrol y cualquier sentido de responsabilidad que me quedaba.

Me dejo en la ruina después de haber logrado todos los deseos de mi vida.
¿Cómo iba a imaginar que una sola botella de licor pondría mi vida patas arriba?
Todo parecía normal y agradable entre fiestas y reuniones sociales hasta que comenzaron a manifestarse las consecuencias negativas.
Primero, empecé a experimentar náuseas y malestar, que empeoraron gradualmente, y anhelaba los efectos calmantes del alcohol. Esperaba con ansias la siguiente fiesta.
Debajo de la encantadora fachada, acechaba una fuerza maligna, capaz de causar estragos en cualquiera que se dejara llevar por sus efectos embriagadores.
Unos años después, me encontré solo, sin hogar y esclavo del alcohol.
Los albergues me brindaban una sensación de refugio, pero la adicción se convirtió en una parte ineludible de mi rutina diaria.
Para satisfacer mis ansias insaciables, me veía obligado a rebuscar latas y botellas vacías en los contenedores de basura, para después venderlas como reciclaje, perpetuando el ciclo imparable de despertar sintiéndome mal por el consumo de alcohol, experimentar una recuperación temporal y recaer en la embriaguez una vez más.
Ahora, profundicemos en la realidad de las adicciones.
¿Podemos ser lo suficientemente honestos con nosotros mismos como para preguntarnos si nuestro consumo de alcohol está reprimiendo nuestra voluntad de forma gradual y sutil?
Antes de engañarnos a nosotros mismos creyendo que tenemos el control de nuestra vida y que podemos compaginar las responsabilidades con la adicción, debemos ser completamente sinceros.
Se trata de una cuestión de vida o muerte, de autodestrucción, y es tu vida.
Tómatelo en serio.
Recuerdo que un día estaba sentado en las vías del tren. Solo, débil, recordando mi pasado con una botella de alcohol a mi lado.
Me preguntaba si este tipo de vida me había cambiado, llevándome a abandonar mis responsabilidades y a refugiarme en la embriaguez.
Quería estar borracho todo el tiempo, y tuve que pagar un alto precio para conseguirlo.
Qué insensato, pensé. Una cosa era disfrutar de la vida y del momento presente, y otra muy distinta desear prolongar el efecto embriagador del alcohol.
¿Cómo pude cambiar el amor por mis seres queridos por mis propios deseos egoístas?
Embriaguez perpetua.
Un estado que me llevó a vivir solo en fantasías. Fantaseaba con que todo estaba bien, que no molestaba a nadie y que nadie me molestaba con comentarios como: “Deja de beber antes de que te destruyas”.
Nunca quise admitirlo, pero en el fondo, me atormentaba la certeza de que lo que hacía no estaba bien. Pero no tenía la fuerza ni el valor para superar mi adicción al alcohol y asumir la responsabilidad de mis actos.
Levanté la vista, buscando el final de las vías del tren. Cuanto más lejos miraba, más se unían las dos vías, fundiéndose en una perspectiva infinita.
Y me pregunté: ¿Hasta dónde llegaré si continúo por este camino desenfrenado?
¿Tropezaré con tantas piedras y problemas que finalmente me llevarán a la ruina?
¿Me sentiré satisfecho con lo que he logrado, simplemente por haber hecho lo que quería?
El último pensamiento que cruzó por mi mente me hizo llorar. En lo más profundo de mi corazón, había un lugar especial reservado para mi madre, quien siempre me había amado. Solo podía imaginar su sufrimiento, sabiendo que no sabía dónde estaba su hijo.
Pensé en mis hijos, a quienes mi exesposa se llevó. Se llevó mi tesoro más preciado. Yo mismo los había alejado de mi vida.
¿Es más valioso o gratificante adorar el alcohol en exceso o cultivar el amor de mis seres queridos?
Agarré la botella y la arrojé lejos, contra las vías del tren, haciéndola añicos. «¡Aléjate de mí!», grité con amargura.
A partir de hoy, resurgiré de las cenizas.
Y ese día marcó el comienzo de mi viaje transformador.
Si deseas profundizar en los cambios que transformaron mi vida y descubrir cómo pueden inspirarte a ti y a otros, te invito a seguir leyendo mis próximos blogs. Estos blogs te ofrecerán reflexiones verdaderamente reveladoras e impactantes.
Historias reales de una persona que vivió en la calle a causa del alcohol.